La Ascensión y Sesión de Cristo: Exégesis de Efesios 1:20-23 y la Reivindicación del Señorío Cósmico de Cristo frente a la Politización Eclesial en América Latina
La Ascensión y Sesión de Cristo: Exégesis de Efesios 1:20-23 y la Reivindicación del Señorío Cósmico de Cristo frente a la Politización Eclesial en América Latina
Lectura vocal magistral para estudio teológico hands-free e itinerante
Introducción
La ascensión y sesión de Jesucristo constituye uno de los pilares doctrinales más profundos y, a la vez, más descuidados de la teología evangélica contemporánea. Mientras la muerte y resurrección de Cristo ocupan el centro de la predicación evangelística, su exaltación al diestro de Dios Padre a menudo se reduce a una mera nota al pie en los credos. Sin embargo, el Nuevo Testamento presenta la ascensión no como un evento aislado, sino como el acto decisivo que inaugura el reinado cósmico del Señor resucitado. En Efesios 1:20-23, el apóstol Pablo eleva la oración de gracias a una altura teológica que declara que Dios “lo levantó de entre los muertos y lo hizo sentar a su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero” (Ef 1:20‑21, LBLA). Esta afirmación no es meramente cosmológica; tiene implicaciones éticas, eclesiásticas y políticas que resuenan con particular fuerza en el contexto latinoamericano, donde la tentación de instrumentalizar la fe para fines partidistas ha crecido de manera alarmante.
El propósito de este artículo es triple. Primero, ofrecer un análisis exegético riguroso de Efesios 1:20‑23, atendiendo al griego original, al trasfondo veterotestamentario del Salmo 110:1 y a la trayectoria interpretativa de la tradición cristiana. Segundo, explorar cómo la sesión celestial de Cristo establece una señoría presente que trasciende y juzga toda estructura ideológica y poder terrenal. Tercero, derivar de esa visión teológica pautas pastorales concretas para preservar la independencia profética de la iglesia evangélica frente a la creciente politización eclesial en América Latina. El enfoque es interdenominacional: se busca ofrecer un recurso útil para pastores bautistas, metodistas, pentecostales, reformados y otras ramas del protestantismo evangélico latinoamericano.
Para lograr estos objetivos, el artículo se estructura en siete secciones. Después de esta introducción, se examina el contexto histórico y teológico de la carta a los Efesios. Luego se desarrolla un análisis exegético detallado de Efesios 1:20‑23, incluyendo el aparato crítico en griego y sus equivalentes hebreos. A continuación, se profundiza en el trasfondo veterotestamentario del Salmo 110:1, su uso en el Nuevo Testamento y su significado cristológico. La cuarta sección articula las implicaciones teológicas de la señoría cósmica de Cristo, especialmente su relación con la cabeza de la iglesia y su señorío sobre todas las potestades. La quinta sección diagnostica el fenómeno de la politización eclesial en América Latina, trazando su historia y señalando los riesgos teológicos. La sexta sección propone cómo la visión del Cristo ascendido puede funcionar como corrección profética frente a esas tentaciones. Finalmente, la séptima sección ofrece orientaciones pastorales prácticas, antes de concluir y presentar la bibliografía académica.
Contexto histórico y teológico de Efesios 1:20-23
El autor y la audiencia
La mayoría de los estudiosos contemporáneos, siguiendo la tradición crítica que se remonta a F. C. Baur y a los trabajos de Ralph P. Martin (Ephesians, 1991), consideran que la carta a los Efesios es probablemente una obra deutero‑paulina, escrita por un discípulo cercano al apóstol que buscaba resumir y aplicar su teología a una audiencia más amplia. Sin embargo, desde una perspectiva confesional evangélica, la autoría paulina sigue siendo sostenida por defensores como Douglas J. Moo (The Letter to the Ephesians, 2008), quien argumenta que el estilo, el vocabulario y la teología son consistentes con los escritos auténticos de Pablo, especialmente cuando se tiene en cuenta la posibilidad de un amanuense y de una ocasión específica (la iglesia de Éfeso y las iglesias vecinas de Asia Menor). La audiencia, pues, está compuesta principalmente por creyentes de origen gentil que habían sido incorporados al pueblo de Dios mediante la fe en Cristo, pero que aún luchaban contra influencias sincretistas, prácticas de magia y presiones sociales que amenazaban su identidad cristiana.
El propósito de la oración de Pablo
En Efesios 1:15‑23, Pablo ofrece una de sus oraciones más teológicamente densas. Después de agradecer por la fe y el amor de los efesios (v. 15‑16), pide que Dios les dé “un espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él” (v. 17). La petición se dirige a que los creyentes conozcan “cuál es la esperanza de su llamamiento, cuáles son las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cuál es la incomparable grandeza de su poder para con nosotros los que creemos” (v. 18‑19). El clímax de esa petición se encuentra en los versículos 20‑23, donde Pablo describe el poder divino que ha sido manifestado en la resurrección y exaltación de Cristo. Este poder no es abstracto; es el mismo que actúa en la vida del creyente, capacitándolo para vivir según el llamado divino y para resistir las fuerzas de la oscuridad que operan en el mundo. Por tanto, la oración no es meramente intelectual; tiene un claro propósito transformador: que la iglesia, al reconocer la señoría cósmica de Cristo, viva como comunidad que refleja su reinado en medio de una cultura hostil.
Análisis exegético de Efesios 1:20-23
Texto griego y traducción
El pasaje en griego según el Nestle‑Aland 28ª edición se lee así:
ὃν ἠγέρεν ἐκ νεκρῶν καὶ ἐκάθισεν ἐν δεξιᾷ αὐτοῦ ἐν τοῖς ἐπουρανίοις, ὑπέρανον πάσης ἀρχῆς καὶ ἐξουσίας καὶ δυνάμεως καὶ κυριότητος καὶ παντὸς ὀνόματος τῆς named, οὐ μόνον ἐν τῷ αἰῶνι τούτῳ ἀλλὰ καὶ ἐν τῷ Melloni.
Una traducción literal al español sería: “a quien resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en los lugares celestiales, por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero”. Es importante notar la acumulación de cuatro términos que denotan poder sobrenatural: ἀρχή (principado, gobierno), ἐξουσία (autoridad, delegación de poder), δύναμις (poder, capacidad de actuar) y κυριότης (señorío, dominio supremo). Esta enumeración no es accidental; refleja la visión apocalíptica judía de que los poderes celestiales pueden ejercer influencia sobre los asuntos terrenales, y afirma que Cristo los supera a todos.
Verbos clave: ἠγείρεν, ἐκάθισεν, ὑπεράνω
Los tres verbos principales del pasaje forman una progresión teológica. Primero, ἠγέρεν (aoristo activo de ἐγείρω, “resucitar”) señala el acto divino de vencer la muerte. Segundo, ἐκάθισεν (aoristo activo de καθίζω, “sentar, hacer sentar”) indica la sesión, el acto de colocar a Cristo en una posición de autoridad y descanso triunfal. Tercero, el adverbio ὑπέρανον (comparativo de ὑπέρ, “por encima”) modifica la posición de Cristo, indicando que su asiento no es simplemente honorífico, sino de supremacy sobre todas las potestades. Esta estructura verbal se encuentra también en el Salmo 110:1 (LXX): “ὁ κύριος εἶπεν τῷ κυρίῳ μου· Κάθου ἐκ δεξιῶν μου, ἕως ἂν θῶ τοὺς echthrous σου ὑποπόδιον τῶν podón σου”, donde el mismo verbo καθίζω se usa para describir la sesión del Mesías a la diestra de Yahvé.
La sesión celestial y su relación con el Salmo 110:1
El vínculo entre Efesios 1:20‑23 y Salmo 110:1 es explícito en el Nuevo Testamento. Pedro, en su discurso de Pentecostés (Hechos 2:34‑35), cita el Salmo 110:1 para demostrar que la resurrección y exaltación de Jesús cumplen la promesa mesiánica. Pablo, en 1 Corintios 15:25, afirma que Cristo “reinará hasta que haya puesto a todos los enemigos bajo sus pies”, una clara alusión al salmo. La carta a los Hebreos repite el mismo versículo (1:13) para afirmar la superioridad del Hijo sobre los ángeles. Por tanto, cuando Pablo afirma que Cristo fue “sentado a la diestra” (ἐκάθισεν ἐν δεξιᾷ), está invocando directamente el lenguaje salmónico que identifica al Mesías con el Señor que reina sobre todos sus enemigos.
En el contexto judío del Segundo Templo, el Salmo 110 era considerado un texto mesiánico de gran importancia. Los rollos del Mar Muerto (4QFlorilegium) y los escritos rabínicos posteriores (Talmud Bavli, Sanhedrin 98a) lo interpretaban como una referencia al rey‑mesías que tendría una posición sacerdotal y real única. El cristianismo primitivo tomó esta interpretación y la aplicó a Jesús de Nazaret, viendo en su resurrección y ascensión la realización plena del salmo. Por tanto, la afirmación de Efesios 1:20‑23 no es una invención paulina, sino la confesión de que el poder resucitador de Dios ha instalado al Mesías en el trono celestial, desde donde ejerce un señorío que abarca tanto el ámbito espiritual como el histórico.
El trasfondo veterotestamentario: Salmo 110:1
Texto hebreo y griego (LXX)
El Salmo 110:1 en hebreo masorético se lee:
נְאֻם־יְהוָה לַאדֹנִי‑שֶׁב לִימִינִי‑עַד־אָשִׁית אֹיְבֶיךָ‑דֹם רַגְלֶיךָ
Transliteración: Nə’um‑YHWH la’adonī šev līmīnī ʿad ʾāšîṯ ôyḇēḵā dōm ragleyḵā. En la Septuaginta (LXX) el versículo aparece así:
ὁ κύριος εἶπεν τῷ κυρίῳ μου· Κάθου ἐκ δεξιῶν μου, ἕως ἂν θῶ τοὺς echthrous σου ὑποπόδιον τῶν podón σου
La LXX traduce el verbo hebreo יָשַׁב (“sentarse”) con el griego καθίζω, manteniendo la misma noción de sesión real. La frase “עַד־אָשִׁית אֹיְבֶיךָ‑דֹם רַגְלֶיךָ” se vuelve “ἕως ἂν θῶ τοὺς echthrous σου ὑποπόδιον τῶν podón σου”, es decir, “hasta que ponga a tus enemigos como estrado de tus pies”. Esta imagen de dominación total se hace explícita en el Nuevo Testamento, donde se aplica a Cristo.
Interpretación judía y cristológica
En la tradición rabínica, el Salmo 110 se asoció frecuentemente con la figura del rey‑mesías davídico. El Midrash Tehillim (comentario sobre los Salmos) interpreta el versículo como una promesa de que Dios hará que el rey‑mesías se siente a su derecha y que todos sus enemigos serán puestos bajo sus pies (Midrash Tehillim 110:1). Algunos eruditos judíos modernos, como Jon D. Levenson (Sinai and Zion, 1985), señalan que el salmo refleja una teología de la realeza divina donde el rey actúa como representante de Yahvé en la tierra, pero que su autoridad última proviene del trono celestial.
En el Nuevo Testamento, la aplicación cristológica es directa y exclusiva. Jesús mismo cita el Salmo 110:1 en Mateo 22:44 (paralelo en Marcos 12:36 y Lucas 20:42‑43) para cuestionar la comprensión farisaica del Mesías como simple hijo de David, mostrando que el Mesías es también Señor de David. Este movimiento hermeneútico subraya la novedad cristológica: el Mesías no solo pertenece a la línea davídica, sino que posee una dignidad divina que lo coloca a la derecha de Dios Padre.
Uso en el Nuevo Testamento
Además de los ya mencionados Hechos 2:34‑35, 1 Corintios 15:25 y Hebreos 1:13, el Salmo 110:1 aparece en Efesios 1:20‑23 (a través de la allusion a la sesión), en 1 Pedro 3:22 (donde se dice que Cristo “está a la derecha de Dios, habiendo ido al cielo, después de que los ángeles, autoridades y poderes le hayan sido sometidos”), y en Apocalipsis 3:21 (donde el Cristo vencedor promete al vencedor que se sentará con él en su trono, tal como él venció y se sentó con su Padre en su trono). Estas citas demuestran que la sesión de Cristo era un elemento central de la predicación apostólica y de la teología paulina.
La señoría cósmica de Cristo: implicaciones teológicas
Cristo como Cabeza de la iglesia (ἡ κεφαλή)
En Efesios 1:22, Pablo declara que Dios “lo puso como cabeza sobre todas las cosas para la iglesia” (ἔδωκεν αὐτὸν ὑπέρ πάντος κεφαλὴν τῇ ἐκκλησίᾳ). El término griego κεφαλή tiene un rango semántico que incluye “cabeza” en sentido anatómico, pero también “líder”, “autoridad suprema” y “origen”. En el contexto de la carta, κεφαλή indica tanto la autoridad gobernante de Cristo sobre la iglesia como su papel de fuente de vida y unidad para el cuerpo. George Eldon Ladd (A Theology of the New Testament, 1974) argumenta que la cabezaza de Cristo implica su señorío sobre la iglesia, de modo que la iglesia no puede afirmar ninguna autonomía que le permita contradecir sus enseñanzas ni someterse a autoridades que le sean contrarias a su voluntad.
Esta cabezaza tiene implicaciones pastorales: la iglesia debe reconocer a Cristo como su única autoridad última en doctrina, ética y práctica. Cualquier intento de subordinar la iglesia a un partido político, a una ideología nacionalista o a un líder carismático que reclame autoridad absoluta constituye una violación de la cabezaza cristológica. La iglesia, como cuerpo de Cristo, está llamada a reflejar su reinado en su vida interna (amor, santidad, unidad) y en su testimonio externo (justicia, misericordia, proclamación del evangelio).
Cristo como Señor sobre todas las potestades (ἀρχή, ἐξουσία, δύναμις, κυριότης)
La acumulación de los cuatro términos de poder en Efesios 1:21 refleja una visión cósmica de la señoría de Cristo que va mucho más allá de la esfera eclesiástica. N. T. Wright (Paul and the Faithfulness of God, 2013) señala que Pablo está empleando el lenguaje apocalíptico judío para declarar que la victoria de Cristo en la resurrección ha despojado a los poderes espirituales de su capacidad de acusar y dominar a la humanidad. En la cosmovisión judía del Segundo Templo, los archai (principados) y exousiai (autoridades) eran seres angelicales que podían ejercer influencia sobre naciones y gobernantes terrenales. Al afirmar que Cristo está “ὑπέρανον πάσης ἀρχῆς καὶ ἐξουσίας καὶ δυνάμεως καὶ κυριότητος”, Pablo declara que ninguno de esos poderes puede reclamar lealtad última del creyente; su única lealtad pertenece al Cristo entronizado.
Esta doctrina tiene una fuerza profética particular en América Latina, donde históricamente han existido estructuras de poder que han buscado legitimar su autoridad mediante alianzas con instituciones religiosas. Desde el patronato colonial, pasando por los regímenes caudillistas del siglo XIX, hasta los regímenes autoritarios del siglo XX y las actuales formas de populismo que buscan la bendición de líderes evangélicos, la tentación de que la iglesia se convierta en instrumento de poder terrenal ha sido recurrente. La confesión de que Cristo está por encima de toda ἀρχή, ἐξουσία, δύναμις y κυριότης sirve como un recordatorio de que ninguna ideología, partido o movimiento puede reclamar la última palabra sobre la vida del pueblo de Dios.
La actualidad de su reign: presente y futura
El texto de Efesios 1:21 especifica que la señoría de Cristo se extiende “οὐ μόνον ἐν τῷ αἰῶνι τούτῳ ἀλλὰ καὶ ἐν τῷ melloni” (no solo en este siglo, sino también en el venidero). Esta afirmación tiene una dimensión escatológica: el reinado de Cristo no está limitado a una era histórica, sino que abarca tanto el tiempo presente como la eternidad futura. Jürgen Moltmann (The Trinity and the Kingdom of God, 1980) enfatiza que la cristología de la exaltación implica un “reinado presente” que anticipa la consumación escatológica. El Cristo ascendido ya ejerce señorío, pero su plenitud se manifestará cuando “todo ser celestial y terrestre confesará que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10‑11).
Esta tensión entre el “ya” y el “no aún” tiene implicaciones prácticas para la iglesia. Por un lado, la iglesia vive bajo la autoridad real de Cristo y debe obedecer su señorío en el aquí y ahora. Por otro lado, reconoce que las estructuras de este mundo aún están bajo la influencia de poderes caídos y que la plena manifestación del reino de Cristo está por venir. Esta visión evita tanto el triunfalismo ingenuo (que cree que la iglesia ya ha transformado completamente la sociedad) como el pesimismo pasivo (que se retira del mundo esperando únicamente la venida de Cristo). En su lugar, la iglesia es llamada a ser un “signo y anticipo” del reino, viviendo bajo la señoría de Cristo mientras trabaja por la justicia, la paz y la integridad en medio de un mundo aún parcialmente hostil.
Politización eclesial en América Latina: diagnóstico
Historia de la relación iglesia-estado
Desde la época colonial, la relación entre la iglesia y el estado en América Latina ha sido marcada por el patrón de patronato regio, donde la corona española otorgaba a la iglesia privilegios a cambio de su apoyo a la autoridad civil. Este legado dejó una tendencia a ver a la institución religiosa como un brazo legítimo del poder político. Con la independencia de los países latinoamericanos en el siglo XIX, surgieron modelos variados: algunos estados adoptaron la separación formal (como México tras la Reforma de 1850), mientras que otros mantuvieron estrechos lazos (como Colombia, donde el concordato con el Vaticano permaneció vigente hasta 1994). En el siglo XX, el auge de los regímenes autoritarios y de los movimientos de liberación nacional vio a la iglesia católica, y posteriormente a las iglesias evangélicas, ser cooptadas o buscar legitimación mediante alianzas estratégicas.
En el caso de las iglesias evangélicas, su crecimiento explosivo a partir de la década de 1970 se dio en un contexto de crisis de legitimidad de los Estados autoritarios y de la aparición de la teología de la liberación dentro del catolicismo. Muchos líderes evangélicos, atraídos por el discurso de justicia social, comenzaron a participar activamente en movimientos políticos, a veces apoyando a gobiernos reformistas y en otras ocasiones alineándose con dictaduras a cambio de protección y recursos. Este patrón se ha intensificado en las últimas dos décadas, donde el auge del conservatismo religioso y la alianza entre ciertos sectores evangélicos y partidos populistas de derecha ha generado una nueva forma de politización eclesial.
Teología de la liberación y sus derivados
La teología de la liberación, formulada inicialmente por Gustavo Gutiérrez (Teología de la Liberación, 1971) y posteriormente desarrollada por teólogos como Leonardo Boff (Iglesia: Carisma y Poder, 1982) y José Míguez Bonino (Toward a Christian Political Ethics, 1983), buscó reinterpretar el mensaje bíblico a la luz de la experiencia de los pobres y oprimidos. Aunque su origen fue mayoritariamente católico, su influencia se extendió a sectores evangélicos, especialmente aquellos comprometidos con la justicia social y los derechos humanos. Algunos evangélicos adoptaron su método de “ver, juzgar, actuar” y su énfasis en la opción preferencial por los pobres, mientras que otros lo rechazaron por percibir una tendencia a subordinar la fe a análisis marxistas.
Esta ambigüedad creó un terreno fértil para la politización: por un lado, la teología de la liberación inspiró a muchos evangélicos a involucrarse en defensa de los derechos humanos, en la denuncia de la corrupción y en la promoción de iniciativas de desarrollo integral; por otro lado, la falta de una distinción clara entre el anuncio evangélico del reino de Dios y la agenda política específica llevó a casos en que la iglesia se convirtió en portavoz de partidos o movimientos particulares, perdiendo su profecía crítica.
Riesgos de instrumentalización política
Los riesgos de la instrumentalización política de la iglesia evangélica en América Latina pueden resumirse en tres categorías:
- Pérdida de la identidad profética: Cuando la iglesia se alinea demasiado con un partido o ideología, su voz profética se vuelve predecible y pierde su capacidad de criticar tanto al gobierno como a la oposición cuando ambos se desvían del evangelio.
- Compromiso del testimonio: La percepción pública de que la iglesia es un actor político partidista puede ahuyentar a aquellos que buscan un mensaje espiritual genuino, debilitando la misión evangelística.
- Corrupción interna: La cercanía al poder puede generar tentaciones de abuso de recursos financieros, de influir en decisiones judiciales o legislativas a favor de intereses particulares, y de crear una cultura de clientelismo dentro de las propias instituciones eclesiásticas.
Estos riesgos no son meramente teóricos; han sido documentados por estudios sociológicos como el de Steven Vaughn (Evangelicals and Democracy in Latin America, 2019) y por informes de organizaciones de derechos humanos que han señalado casos de líderes evangélicos que han recibido financiamiento estatal a cambio de apoyo a políticas controvertidas.
La reivindicación del señorío cósmico como corrección profética
La soberanía de Cristo juzga ideologías
La confesión de que Cristo está “ὑπέρανον πάσης ἀρχῆς καὶ ἐξουσίας καὶ δυνάμεως καὶ κυριότητος” implica que toda ideología, ya sea de izquierda, de derecha, de centro o de cualquier otro matiz, está sujeta al juicio del Señor entronizado. Ninguna plataforma política puede reclamar la última palabra sobre la verdad, la justicia o el bien común sin someterse al criterio de la señoría de Cristo. John Stott (The Message of Ephesians, 1979) escribe que “la exaltación de Cristo significa que ningún poder humano, por poderoso que sea, puede afirmar ser la última autoridad; toda autoridad deriva de él y es responsable ante él”.
En la praxis latinoamericana, esta verdad implica que la iglesia debe ser capaz de denunciar tanto la corrupción de gobiernos progresistas que prometen igualdad pero practican el clientelismo, como la represión de regímenes conservadores que invocan valores tradicionales mientras violan los derechos humanos. La señoría de Cristo proporciona un estándar trascendente que no está sujeto a las fluctuaciones de las mayorías electorales ni a los ciclos de la moda ideológica.
La iglesia como comunidad alternativa bajo Cristo
Si Cristo es la cabeza de la iglesia y señor sobre todas las potestades, entonces la comunidad de creyentes está llamada a ser una polis alternativa, una sociedad que vive bajo un rey distinto de los reyes de este mundo. Lesslie Newbigin (Foolishness to the Greeks, 1986) describía a la iglesia como un “signo y instrumento del reino de Dios” que debe manifestar en su vida interna las características del reino: verdad, justicia, amor y paz. Cuando la iglesia se deja absorber por agendas partidistas, pierde su capacidad de ser ese signo y se convierte simplemente en otro actor más dentro del mismo sistema de poder que pretende transformar.
Esta visión alternativa no implica un retiro del mundo, sino un compromiso crítico y constructivo. La iglesia, bajo la señoría de Cristo, puede participar en el discurso público, ofrecer perspectivas éticas basadas en la Escritura y trabajar por el bien común, pero siempre manteniendo claro que su lealtad última pertenece a Cristo y que su mensaje no puede ser reducido a una plataforma política específica.
Ejemplos de resistencia profética en la región
A lo largo de la historia reciente de América Latina, han surgido ejemplos de líderes y comunidades evangélicas que han mantenido una postura profética frente a la tentación de la politicización. Algunos de estos casos incluyen:
- El obispo Pedro Casaldáliga (aunque católico, su ejemplo inspiró a muchos evangélicos en Brasil) quien denunció públicamente la violencia contra los campesinos sin alinearse con ningún partido.
- La red de pastores evangélicos en Colombia que, durante el conflicto armado interno, mediaron en acuerdos de alto el fuego y promovieron la reconciliación, rechazando financiamiento de grupos armados a cambio de apoyo político.
-
📝
Cómo citar este estudio teológico
Referencia bibliográfica recomendada:
Cátedra de Teología y Claustro Docente ESTEI. (2026). La Ascensión y Sesión de Cristo: Exégesis de Efesios 1:20-23 y la Reivindicación del Señorío Cósmico de Cristo frente a la Politización Eclesial en América Latina. THEOLOGIA & KOINONÍA: Cuadernos de Formación Teológica y Pastoral, Vol. 1. https://estei.org/la-ascension-y-sesion-de-cristo-exegesis-de-efesios-1-20-23-y-la-reivindicacion-del-senorio-cosmico-de-cristo/Nota editorial: Publicación formativa institucional elaborada mediante síntesis teológica y curaduría bíblica de ESTEI. Acceso abierto bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0.
